Deconstrucción

Fue el maestro Adrià, quien creo el término de cocina "deconstrucción" a la hora de ofrecer una definición del trabajo que realizaba en su popular restaurante, El Bulli, allá por la década de los 90. Su trabajo supuso una verdadera revolución en el mundo de la cocina a nivel mundial. Y eso que la apuesta era bien arriesgada, pues decidió dejar atrás la influencia de la alta cocina francesa, para tomar como base la cocina tradicional catalana.

Se trataba de una especie de juego, en el que los comensales tenían un papel muy importante, pues Adrià y su equipo apelaban a su memoria gustativa. Prácticamente todo el mundo conoce el sabor de la comida tradicional. Partiendo de esto, conseguía aportarles esos sabores con presentaciones absolutamente novedosas, dotando a los platos de una sofisticación, en la que la presentación y el factor sorpresa son fundamentales.




Los platos respetan las combinaciones tradicionales de los alimentos, y por supuesto su sabor, pero transforman su textura, su temperatura y su forma. Desde luego nada de esto se hacía al azar, el Bulli abría solo seis meses al año, la otra mitad del año, Adrià junto a su equipo trabajaban en la manera de conseguir las nuevas elaboraciones, dando forma al novedoso menú.

Creaban, espumas, aires, gelificaciones, granizados, chips, etc. buscando trasladar al consumidor a un mundo totalmente nuevo de sensaciones, pero a través de sabores muy conocidos. La cocina molecular, que apela a la ciencia, es el pilar en el que se apoya la cocina de deconstrucción.

Con esto Adrià consiguió revolucionar completamente el mundo de la alta cocina, y colocar al Bulli como el restaurante número uno a nivel mundial. Adrià cerró El Bulli para dedicarse a otros proyectos, pero sembró la semilla para que otros cocineros se hayan decidido a experimentar en esa misma dirección y consigan sorprender a los paladares más exquisitos.

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